Detrás de cada clase de reformer hay una historia que pocos conocen. Una historia de enfermedad, de guerra, de exilio y de una obsesión casi monacal con el movimiento humano. La historia del pilates es, antes que nada, la historia de un hombre que se negó a aceptar las limitaciones de su propio cuerpo y que acabó transformando la forma en que el mundo entiende el ejercicio.
Entender de dónde viene este método no solo es interesante desde un punto de vista histórico. También cambia la manera en que lo practicas. Cuando subes a un reformer, lo haces sobre más de un siglo de observación, experimentación y convicción profunda sobre lo que el cuerpo humano necesita para funcionar bien.
Joseph Pilates: un comienzo difícil
Joseph Hubertus Pilates nació el 9 de diciembre de 1883 en Mönchengladbach, una ciudad industrial del noroeste de Alemania. Su infancia no fue fácil. Sufrió asma, raquitismo y fiebre reumática, enfermedades que en aquella época podían marcar a una persona de por vida. Los médicos del siglo XIX no tenían mucho que ofrecer a un niño enfermizo más allá del reposo y la resignación.
Joseph eligió la rebeldía.
En lugar de aceptar su fragilidad como un destino, la convirtió en una pregunta: ¿qué haría falta para transformar este cuerpo? Empezó a estudiar con obsesión todo lo relacionado con el movimiento y la condición física. La gimnasia alemana de la época, el boxeo, las artes marciales, el yoga, los ejercicios militares y, quizás lo más singular, la observación de cómo se mueven los animales. Los gatos, en particular, le fascinaban por su capacidad de moverse con fuerza, control y elegancia al mismo tiempo.
Para cuando llegó a la edad adulta, Joseph Pilates se había convertido en un atleta notable. Era boxeador, buzo, esquiador y gimnasta. Llegó a posar como modelo para láminas anatómicas en Alemania, algo que habría resultado impensable para el niño enfermizo de Mönchengladbach.
La Gran Guerra y el nacimiento de un método
En 1912, Joseph se trasladó a Inglaterra, donde trabajó como instructor de autodefensa para detectives del Scotland Yard y como artista de circo. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, las autoridades británicas internaron a los ciudadanos alemanes como prisioneros de guerra. Joseph Pilates pasó varios años confinado en la Isla de Man.
Fue en ese contexto de confinamiento, lejos de toda libertad, donde nació el método que hoy conocemos.
Con acceso limitado a materiales y con compañeros internados que necesitaban mantenerse activos y sanos, Joseph empezó a desarrollar una serie de ejercicios que se podían practicar en espacios reducidos. Primero en el suelo. Después, con una idea que cambiaría la historia del ejercicio: ató muelles a los largueros de las camas del hospital para que los pacientes encamados pudieran trabajar la resistencia sin levantarse.
Ese aparato improvisado, aquellos muelles unidos a una cama de hospital, es el precursor directo del reformer moderno que encontrarás en Pinar Pilates. La lógica es exactamente la misma: resistencia variable, trabajo en diferentes planos, control total sobre la tensión.
Hay una historia, imposible de verificar del todo pero muy repetida, que dice que durante la pandemia de gripe de 1918 ninguno de los internados que practicaban los ejercicios de Joseph murió a causa de la enfermedad. Sea literal o apócrifa, la anécdota captura algo real sobre el enfoque de Joseph: el movimiento como medicina preventiva.
Nueva York, 1926: el estudio de la 8.a Avenida
Acabada la guerra, Joseph Pilates volvió a Alemania brevemente, donde trabajó entrenando a la policía de Hamburgo. Pero el ambiente político de la República de Weimar le incomodaba. En 1926, con cuarenta y tres años, cogió un barco hacia Nueva York.
En ese barco conoció a Clara, una enfermera que se convertiría en su esposa y en su colaboradora más cercana durante décadas. Clara tenía una comprensión profunda del cuerpo humano desde la perspectiva clínica, y su influencia en el método fue determinante, aunque la historia oficial tardó mucho en reconocerla.
Juntos abrieron un estudio en el número 939 de la 8.a Avenida, en el edificio que compartía dirección con varios estudios de danza de Manhattan. Esa ubicación no fue casualidad, y sus consecuencias fueron enormes.
Los bailarines descubrieron rápidamente que el método de Joseph, al que él llamaba contrología, hacía algo que ningún otro sistema de entrenamiento conseguía: fortalecía sin endurecer, alargaba sin debilitar, y mejoraba el control del cuerpo de una manera que se traducía directamente en una mejor danza. Martha Graham, una de las figuras más influyentes de la danza moderna del siglo XX, fue una de sus alumnas. Los bailarines del New York City Ballet de George Balanchine acudían al estudio cuando sufrían lesiones o cuando querían mejorar su técnica. El boca a boca en el mundo de la danza fue el primer canal de difusión del método.
La contrología: el nombre original
Joseph Pilates nunca llamó «pilates» a su método. Lo llamaba contrología, del inglés contrology. El nombre lo dice todo sobre su filosofía: el objetivo no era el movimiento por el movimiento, sino el control total del cuerpo a través de la mente.
En 1934 publicó «Your Health», un texto breve y apasionado en el que exponía su visión de la salud y la enfermedad. Once años después, en 1945, publicó su obra más completa: «Return to Life Through Contrology». En ese libro describía con detalle los treinta y cuatro ejercicios originales de suelo que forman el repertorio clásico, acompañados de instrucciones y de la filosofía que los sustentaba.
Sus seis principios fundamentales articulan toda la práctica:
Concentración. Cada movimiento requiere atención plena. No puedes hacer pilates mientras piensas en otra cosa.
Control. Ningún movimiento debe ser casual. La contrología, decía Joseph, es el control completo de tu cuerpo a través de tu mente.
Centro. Toda la fuerza emana del powerhouse, el centro de energía que comprende el abdomen, la zona lumbar, las caderas y los glúteos.
Fluidez. Los movimientos se encadenan con gracia. No hay brusquedades ni interrupciones.
Precisión. Mejor un movimiento bien ejecutado que diez mal hechos. La calidad siempre supera a la cantidad.
Respiración. La respiración es activa, consciente y coordinada con el movimiento. Joseph la consideraba fundamental para oxigenar la sangre y limpiar el cuerpo.
Estos seis principios siguen siendo el núcleo de lo que practicas en una clase de reformer hoy. Si quieres entender mejor cómo se aplican en la práctica, puedes leer más sobre qué es el pilates reformer y cómo se diferencia de otras modalidades.
La evolución del reformer
El aparato que Joseph creó a partir de los muelles de las camas en la Isla de Man siguió evolucionando durante toda su vida. En el estudio de la 8.a Avenida había varios equipos que él mismo había diseñado y construido: el reformer, el Cadillac (o trapecio), la silla Wunda, el barril y otros.
El reformer original era de madera y metal, construido artesanalmente. La lógica de resistencia por muelles permitía graduar el esfuerzo, trabajar en diferentes posiciones (tumbado, sentado, de rodillas, de pie) y aislar grupos musculares que en los ejercicios de suelo resultan difíciles de alcanzar.
Durante décadas, los reformers se fabricaron de manera casi artesanal. Fue en las últimas décadas del siglo XX cuando la industria empezó a producir máquinas de aluminio con acabados más ergonómicos, mejores sistemas de muelles y mayor durabilidad. Hoy los reformers modernos que encontrarás en un buen estudio como Pinar Pilates son el resultado de ochenta años de refinamiento continuo, pero la mecánica que Joseph concibió en aquel campo de internamiento sigue siendo la misma.
Si te interesa entender las diferencias entre trabajar en el reformer y hacerlo en el suelo, el artículo sobre pilates reformer vs pilates de suelo te da un análisis detallado.
La filosofía de Joseph Pilates en una frase
Pocas frases en la historia del fitness han demostrado ser tan precisas como esta, atribuida a Joseph Pilates:
«En diez sesiones notas la diferencia. En veinte, la ves. En treinta, tienes un cuerpo nuevo.»
No es marketing. Es una descripción bastante fiel de cómo responde el cuerpo a la práctica constante. Las primeras sesiones movilizan y despiertan patrones de movimiento. Las siguientes empiezan a corregir la postura y a fortalecer el centro. A partir de la treinta, el cambio se vuelve estructural.
El legado: los hijos del método
Joseph Pilates murió en 1967, a los ochenta y tres años, a causa de un incendio en su estudio. Clara continuó enseñando hasta 1977. Sin un sistema formal de certificación ni una organización central que protegiera el método, los alumnos directos de Joseph y Clara se convirtieron en los custodios del legado.
Los llamados «primeros de pilates» o «elders» mantuvieron el método vivo durante las décadas siguientes:
Romana Kryzanowska fue probablemente la más fiel al estilo clásico original. Durante años dirigió el estudio de Joseph en Nueva York y formó a generaciones de instructores.
Ron Fletcher llevó el método a Hollywood y añadió elementos de trabajo con percusión y respiración más dinámica.
Eve Gentry desarrolló una versión más terapéutica, adaptando el método para personas con lesiones o limitaciones físicas.
Carola Trier, ella misma antigua acróbata, abrió su propio estudio con un enfoque muy técnico y preciso.
Bob Seed, Mary Bowen y otros continuaron la tradición de maneras distintas, cada uno aportando matices y énfasis propios.
Esta diversidad explica por qué el pilates contemporáneo tiene tantos estilos. El pilates clásico intenta ser fiel al repertorio y el orden originales de Joseph. El pilates contemporáneo incorpora conocimientos de biomecánica, fisioterapia y neurociencia acumulados desde entonces. Ambos son válidos y tienen sus fortalezas.
Del método de Joseph al pilates de hoy
La explosión del pilates como fenómeno global llegó en los años noventa, impulsada en parte por su popularidad entre deportistas de élite, artistas y celebrities. La apertura de estudios boutique especializados en los últimos veinte años ha acercado el método a un público mucho más amplio.
Hoy el pilates es una de las disciplinas de ejercicio con mayor crecimiento en el mundo. Y aunque las clases de grupo, los reformers de aluminio anodizado y los estudios con música ambiente parecen muy lejos de aquel estudio neoyorquino de los años treinta, la esencia del método que Joseph Pilates articuló sigue ahí: concentración, control, centro, fluidez, precisión y respiración.
Los beneficios del pilates reformer que documentamos hoy, desde la mejora de la postura hasta la reducción del dolor de espalda, son exactamente los que Joseph observó en sus alumnos hace casi cien años. La diferencia es que ahora tenemos la ciencia para explicar por qué funcionan.
Si quieres experimentar este legado en primera persona y entender de manera práctica lo que toda esta historia significa para tu cuerpo, el mejor punto de partida es una primera clase en un buen estudio.
Preguntas frecuentes sobre la historia del pilates
¿Cuándo se inventó el pilates?
Joseph Pilates empezó a desarrollar los principios de su método durante la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918, mientras estaba internado en la Isla de Man. El método se formalizó y difundió a partir de 1926, cuando abrió su estudio en Nueva York.
¿Por qué Joseph Pilates llamó a su método contrología?
Porque el núcleo de su filosofía era el control consciente del cuerpo a través de la mente. «Contrology» en inglés hace referencia a ese dominio total del movimiento. El nombre «pilates» fue adoptado de manera informal por sus alumnos y se popularizó después de su muerte.
¿Quién inventó el reformer de pilates?
Joseph Pilates diseñó el primer aparato con muelles durante su internamiento en la Isla de Man en la Primera Guerra Mundial, usando los muelles de las camas del hospital. Esa idea la desarrolló y refinó durante décadas en su estudio de Nueva York hasta crear el reformer tal como lo conocemos.
¿Cuántos ejercicios originales creó Joseph Pilates?
En su libro «Return to Life Through Contrology» (1945) describió treinta y cuatro ejercicios de suelo. Además, diseñó repertorios específicos para el reformer, el Cadillac, la silla Wunda, el barril y otros aparatos, lo que da un total de varios cientos de ejercicios en el repertorio clásico completo.
¿En qué se diferencia el pilates clásico del pilates contemporáneo?
El pilates clásico sigue el repertorio y el orden original de Joseph Pilates con la mayor fidelidad posible. El pilates contemporáneo adapta y amplía ese repertorio incorporando conocimientos modernos de anatomía, biomecánica y rehabilitación. Ambos comparten los seis principios fundamentales y el uso del reformer y otros aparatos.
Practica el método que cambió el mundo del ejercicio
La historia del pilates es una historia de transformación personal que se convirtió en un legado universal. Desde las camas de hospital de la Isla de Man hasta los estudios boutique del siglo XXI, el método de Joseph Pilates ha demostrado una vitalidad extraordinaria porque responde a algo real y permanente: la necesidad del cuerpo humano de moverse con inteligencia.
En Pinar Pilates, en Calle del Pinar 8, en el Barrio de Salamanca de Madrid, llevamos ese legado a clases de reformer en grupos de máximo ocho personas. más de 450 reseñas de cinco estrellas en Google avalan lo que Joseph Pilates enseñó hace casi un siglo: el movimiento consciente, preciso y constante transforma el cuerpo.
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